SAMHAIN

una noche simbólica que conecta tiempos y culturas

Del Otro Mundo celta a las ánimas de Galicia

La isla de los muertos, de Arnold Böcklin: una barca con un ataúd se acerca a una isla de cipreses y tumbas
Arnold Böcklin, «La isla de los muertos» (1880)

«Un paréntesis de eternidad»

 

— Le Roux y Guyonvarc’h

La era del capitalismo y la globalización ha deslucido el sentido de muchas tradiciones que conservaban la esencia de antiguas culturas. Resulta cuanto menos absurdo celebrar fiestas de las cuales desconocemos su significado, pues, ¿qué sentido tiene adoptar costumbres que no eran nuestras si no sabemos qué simbolizan?

El ser humano ha demostrado durante toda su existencia que el cambio y la adaptación forma parte de su razón de ser, pero, a día de hoy, todo cambio y adopción de nuevos rituales solo tiene sentido si se sabe con conocimiento que es aquello que se incorpora a nuestra vida, a nuestra forma de estar en el mundo.

Samhain es para mí una fecha realmente simbólica. Es misterio, conexión, profundidad en los sentimientos. Me he hecho muchas preguntas, muchas veces; y cada año me repito las mismas, aunque desde distintas perfectivas o diferentes maneras de entender el devenir del tiempo y de la vida.

En este artículo quiero compartir lo que he aprendido sobre el Samhain. Es información que he sacado de los libros, a los cuales hago mención al final.

Espero que esta lectura te resulte tan interesante como a mí haber descubierto tantas conexiones.

¿Qué es el Samhain? El final del verano celta

El Samhain es una palabra gaélica que los ingleses tradujeron como Halloween. Viene a significar algo así como el final del estío, en una cultura que solo conocía dos estaciones: el verano y el invierno.

Para comprender esta fecha del calendario, cuya celebración ha llegado hasta nuestros días con profundas modificaciones, debemos viajar en el tiempo hasta hace alrededor de dos milenios y adentrarnos en los pueblos que compartían la cultura que hoy conocemos con el nombre de celta. 

Estos pueblos, de origen indoeuropeo, alcanzaron una expansión que abarca lo que hoy conocemos como la parte central y occidental de Europa, destacando especialmente las islas británicas, donde mejor se ha preservado su cultura. Algunos investigadores afirman que los pueblos celtas contaban los días por noches y su año empezaba con la estación oscura, cuando la naturaleza parecía detenerse y la actividad agrícola daba paso a otro ritmo de vida. Samhain era el momento de cerrar el verano y abrir el año nuevo, un nuevo ciclo. Su fecha no era fija, pues seguía un calendario lunisolar, así que no caía siempre el mismo día, aunque hoy la asociamos a la noche del 31 de octubre. Si miramos el calendario de hoy, estamos más o menos a medio camino entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, un momento clave para pararse a pensar.

El origen celta del Samhain: una fiesta de druidas, guerreros y también del pueblo

Samhain no era una fiesta agraria. Era religiosa, política y guerrera, y cada clase social tenía su papel:

  • El pueblo rendía homenaje a sus ídolos, recogía su parte del festín y asistía a los juegos.
  • Los guerreros protagonizaban el banquete: trofeos, hazañas, bebida y disputas por la «porción del héroe».
  • Los druidas encendían el fuego, hacían los sacrificios y presidían las asambleas legales junto al rey y los nobles.

Era esta la fecha en la que las comunidades de los antiguos pueblos celtas se reunían en asambleas, celebraban banquetes y participaban en ceremonias religiosas. Era un momento de encuentro colectivo, y también una fecha cargada de significado simbólico.

Todo comenzaba con el fuego: en la víspera debían apagarse todas las lumbres de Irlanda, y eran los druidas quienes inauguraban el periodo. En el banquete se consumía la carne de un animal sagrado, el cerdo o el jabalí, reservado a dioses como Lug o el Dagda. Según algunos relatos, la celebración duraba una semana: tres días antes, tres días después y el día mismo.

La simbología del fuego estará de nuevo presente en la celebración que estará aguardando el paso del tiempo al otro lado, medio año después, con el regreso del verano.

Los jinetes del Sidhe, de John Duncan (1911): procesión de seres del Otro Mundo a caballo
John Duncan, «Los jinetes del Sidhe» (1911)

La noche víspera de la arcaica festividad céltica de Samain, el 1 de Noviembre, comienzo del Año Nuevo céltico, las liminales puertas de entrada al Otro Mundo estaban temporalmente abiertas, y los Tuatha Dé Danann, habitantes del mundo subterráneo, ascendían a la superficie. Esos seres semidivinos habían sido obligados a vivir allí una vida paralela a los humanos tras ser derrotados por los milesianos que llegaron de Brigantia en España. Samain continúa celebrándose aún hoy como Halloween.

Alberro, 2019, p.102

Un tiempo fuera del tiempo: cuando se abre el Otro Mundo

En el Samhain la eternidad del síd invade el tiempo humano. El síd es el túmulo o tumba megalítica, la puerta por la que, una vez al año, salen a la superficie los seres invisibles que viven bajo tierra: los Tuatha Dé Danann, maestros de la magia, y los temidos Fir Bolg. Su territorio está al oeste y al norte, de donde viene el viento del noroeste, ese que llega de entre los muertos al comienzo del invierno. Y su señor, el Dagda, es el dios-druida del tiempo y del conocimiento.

En teoría, el periodo del Samhain va del 1 de noviembre al 31 de enero, pero la fiesta queda fuera del cómputo: son siete o catorce días suspendidos en la eternidad. Durante ellos desaparece la diferencia entre el mundo de los dioses y el de los hombres. Los dioses pisan la tierra y los humanos pueden entrar en el síd. Es una época de gran peligro y de enorme energía.

Del Samhain a Todos los Santos

El 1 de noviembre, la festividad de Todos los Santos, y el 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos, forman parte de una tradición cristiana que dedica un tiempo específico a recordar a los muertos.

El Día de Fieles Difuntos se celebró por primera vez en el año 998, en Francia, en los monasterios cluniacenses. En el siglo XIII ya se extendía a toda la cristiandad. Llegó a Galicia con los cluniacenses, después de 1075 y sobre todo desde comienzos del siglo XII.

Según la teología católica, el alma puede ir al Limbo (los niños sin bautizar), al Cielo, al Infierno o al Purgatorio. Solo a las del Purgatorio se las puede ayudar desde este mundo con oraciones, y de ahí nacieron muchas costumbres.

En la tradición católica, la creencia en el Purgatorio dio un significado particular a estas conmemoraciones: las oraciones, las misas y otras prácticas religiosas podían ayudar a las almas que se encontraban en ese estado. La muerte no suponía, por tanto, la desaparición del vínculo entre quienes permanecían en el mundo y quienes ya habían partido. Con el tiempo, estas creencias se expresaron también mediante gestos cotidianos: visitar los cementerios, encender velas, colocar lámparas y dejar flores sobre las tumbas.

Las creencias cristianas populares cuentan que las almas salen de sus tumbas la noche anterior al 1 de noviembre, algo que recuerda a lo que el Samhain pagano decía de los seres del síd: salen del subsuelo, pierden su invisibilidad y vagan por la superficie.

Gustave Doré, Purgatorio de Dante, canto V: almas junto a un lago que piden oraciones a los vivos
Gustave Doré, ilustración para el «Purgatorio» de Dante, canto V (siglo XIX).

Petos de ánimas y magosto: el alma en Galicia

En Galicia encontramos tradiciones que enlazan la memoria de los difuntos con la vida comunitaria. Los magostos de otoño, con sus castañas y el vino nuevo, se celebraban en fechas próximas a Todos los Santos y al Día de los Fieles Difuntos. Recopilaciones etnográficas recogen la creencia de que cada castaña comida durante esos días podía liberar un alma del Purgatorio. También se documentó en algunas localidades la costumbre de no apagar por completo el fuego, para que las almas pudieran calentarse.

Los petos de ánimas, pequeños monumentos religiosos repartidos por caminos y aldeas, recuerdan igualmente esa relación. Sus representaciones de almas entre las llamas, acompañadas por figuras intercesoras, hacían visible una creencia que conectaba el mundo de los vivos con el destino de los difuntos.

Si regresamos a Samhain, encontramos una imagen familiar: una fecha señalada, un espacio de encuentro y la posibilidad de que aquello que pertenece al otro lado se acerque al presente. Las creencias son distintas, pero en ambas tradiciones el calendario adquiere un significado que va más allá de medir los días.

Un viaje que se repite cada otoño

Cada año, cuando llega el otoño y los días se acortan, regresan también estas celebraciones y sus relatos. De nuevo vuelven las dudas: qué es lo que se celebra, qué queda del origen y si de verdad es esta una fecha que nos conecte con los que ya no están.

Quizá el calendario no solo nos ayude a medir el paso del tiempo, también puede enseñarnos a atravesarlo. Este Samhain puedes viajar hacia otras épocas, reconocer las preguntas que compartimos con quienes vivieron antes que nosotros y descubrir cómo sus respuestas siguen presentes en nuestro mundo.

Te invito a seguir descubriendo más en La Biblioteca.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

Alberro, M. (2019). Diosas celtas: Mitos, religión y leyendas. Editorial Dilema.

Balboa Salgado, A. (2006). As cidades asolagadas: As augas e o Alén en Galicia. Toxosoutos.

González Pérez, C. (1991). As festas cíclicas do ano. Museo do Pobo Galego.

Le Roux, F., & Guyonvarc’h, C. (2003). As festas celtas (A. Balboa Salgado, Trad.). Toxosoutos. (Obra original publicada en 1995)

Sainero, R. (2008). San Andrés de Teixido e as illas do Máis Alá. Toxosoutos.

Vizcaya, R. B., & Vidal, F. A. (2009). Dos fastos ós festexos: Dos antigos mitos á relixiosidade galega. Toxosoutos.